Las malas costumbres al volante

Conducir es una actividad que realizan millones de personas a diario y que, con el paso del tiempo, suele convertirse en un acto casi automático. Precisamente esa rutina hace que algunos conductores adquieran hábitos incorrectos que, aunque puedan parecer inofensivos, terminan afectando tanto a la seguridad vial como al estado del propio vehículo. En muchos casos, estas costumbres se mantienen durante años simplemente porque nunca se han corregido después de obtener el permiso de conducir.

La mayoría de estos errores no provocan un accidente por sí solos, pero aumentan el riesgo cuando coinciden con una situación imprevista. Además, también pueden acelerar el desgaste de componentes mecánicos y aumentar el consumo de combustible. Revisar periódicamente la forma en la que se conduce permite detectar pequeños hábitos que conviene modificar para circular de forma más segura.

 

Conducir con exceso de confianza

La experiencia al volante aporta seguridad, pero también puede generar una falsa sensación de control. Algunos conductores reducen progresivamente la atención que prestan a aspectos básicos como la posición de las manos en el volante, la distancia de seguridad o la observación constante del entorno. La Dirección General de Tráfico (DGT) recuerda que muchos comportamientos inseguros aparecen precisamente por la rutina, ya que determinados malos hábitos terminan normalizándose sin que el conductor sea consciente de las consecuencias que pueden tener.

Mantener una actitud atenta durante todo el trayecto sigue siendo una de las mejores herramientas para anticiparse a posibles riesgos. La conducción defensiva consiste precisamente en prever situaciones que podrían obligar a reaccionar con rapidez y mantener siempre un margen suficiente para hacerlo con seguridad.

La formación continua también puede resultar útil para los conductores con más experiencia. Repasar periódicamente las recomendaciones de los organismos de seguridad vial permite actualizar conocimientos y corregir hábitos adquiridos con el paso de los años. La normativa, la tecnología de los vehículos y las condiciones del tráfico evolucionan constantemente, por lo que mantener una actitud de aprendizaje favorece una conducción más segura.

 

Utilizar incorrectamente los pedales

Uno de los errores más habituales tiene que ver con el uso del embrague, el freno y el acelerador. Aunque pueda parecer una cuestión básica, muchos conductores desarrollan costumbres que aumentan el desgaste del vehículo y reducen el control durante la conducción. En este punto, desde SM Motor se explica que mantener el pie apoyado sobre el embrague sin necesidad provoca un desgaste prematuro y reduce el efecto del freno motor. Del mismo modo, aconseja frenar de forma progresiva y anticipada, evitando hacerlo bruscamente dentro de una curva, así como utilizar el acelerador con suavidad para favorecer una conducción más eficiente y segura.

Una conducción progresiva no solo mejora la estabilidad del vehículo, sino que también reduce el consumo de combustible y alarga la vida útil de elementos como el embrague, los frenos o la transmisión.

 

Descuidar la postura al conducir

La posición del conductor influye mucho más de lo que suele pensarse. Llevar el asiento demasiado alejado, conducir con una sola mano o apoyar continuamente el brazo sobre la ventanilla limita la capacidad de reacción ante una maniobra de emergencia. También resulta importante utilizar un calzado adecuado. Zapatos con suelas excesivamente gruesas, tacones o chanclas pueden dificultar el control de los pedales e incluso aumentar el riesgo de pisar dos al mismo tiempo de forma accidental.

La Fundación MAPFRE, en sus recomendaciones sobre ergonomía y conducción segura, señala que la postura al volante y la utilización de un calzado que permita manejar correctamente los pedales influyen directamente en la capacidad de reacción del conductor y en el control del vehículo durante situaciones imprevistas.

 

Anticiparse evita muchas situaciones de riesgo

Otro error frecuente consiste en reaccionar demasiado tarde a lo que ocurre en la carretera. Anticiparse permite aprovechar mejor la inercia del vehículo y utilizar el freno únicamente cuando resulta necesario. Esta forma de conducir hace que los movimientos sean más suaves y proporciona un mayor margen para responder ante cualquier imprevisto.

El Real Automóvil Club de España (RACE) recuerda que una conducción anticipativa, basada en observar el tráfico con suficiente antelación y evitar aceleraciones o frenadas innecesarias, contribuye tanto a mejorar la seguridad como a reducir el desgaste mecánico y el consumo de combustible. Observar con antelación el comportamiento del tráfico permite tomar decisiones más suaves y eficaces. Detectar un vehículo que reduce la velocidad, un peatón próximo a un paso de cebra o una incorporación desde otra vía ayuda a adaptar la conducción de forma progresiva, evitando maniobras bruscas. Esta capacidad de anticipación constituye una de las principales diferencias entre una conducción reactiva y otra verdaderamente preventiva.

 

Las distracciones siguen siendo uno de los mayores problemas

Aunque el teléfono móvil continúa siendo una de las principales causas de distracción, no es la única. Ajustar el navegador mientras se circula, buscar un objeto dentro del habitáculo o manipular la pantalla multimedia también desvía la atención durante unos segundos que pueden resultar decisivos.

A estas situaciones se suman otras conductas aparentemente poco importantes, como comer, beber o mantener conversaciones que reducen la concentración del conductor. Todas ellas disminuyen la capacidad para detectar riesgos con la rapidez necesaria. Mantener la vista en la carretera y realizar cualquier ajuste antes de iniciar la marcha o una vez detenido el vehículo continúa siendo la forma más segura de evitar este tipo de situaciones.

 

Pequeños cambios que mejoran la conducción

Corregir las malas costumbres al volante no requiere aprender de nuevo a conducir, sino recuperar algunos principios básicos que con frecuencia se olvidan con el paso del tiempo. Utilizar correctamente los pedales, mantener una postura adecuada, anticiparse a las maniobras y evitar distracciones son hábitos que contribuyen tanto a la seguridad como a la conservación del vehículo.

La mayoría de los malos hábitos no aparecen de un día para otro, sino que se incorporan de manera gradual hasta convertirse en acciones automáticas. Precisamente por ello, dedicar unos minutos a reflexionar sobre la propia forma de conducir puede ayudar a identificar costumbres que conviene corregir. Mantener una conducción basada en la atención, la anticipación y el respeto por las normas no solo reduce el riesgo de accidentes, sino que también contribuye a preservar el vehículo y a hacer los desplazamientos más cómodos para todos los ocupantes.

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