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El origen del gazpacho

El 21 de julio se celebra el Día Internacional del Gazpacho. En sus orígenes el gazpacho formaba parte del recetario tradicional de los campesinos de Andalucía.

Antes se preparaba con pan duro desmigado del día anterior, tomate, aceite de oliva y vinagre. Pero, en la actualidad también se han otros ingredientes como pepino, pimiento, cebolla y ajo.

Esta sopa fría contiene grandes cantidades de vitaminas, fibra, antioxidantes y minerales. En este plato predominan la vitamina C, la vitamina A y la vitamina E.

Es un plato con un gran poder antioxidante gracias al licopeno que contiene el tomate y a las cucurbitacinas que incluye el pepino. También es rico en minerales como calcio, fósforo, magnesio, manganeso, zinc, cobre, sodio, potasio y hierro.

También destaca por su aporte de fibra insoluble, ya que se prepara con vegetales crudos. Esta fibra contribuye a facilitar el tránsito intestinal, puede ayudar a regular los niveles de colesterol sanguíneo y a prevenir enfermedades como la diabetes, las afecciones cardiovasculares y el cáncer de colon.

También es un plato rico en ácidos grasos monoinsaturados, un tipo de grasa saludable que protege el sistema cardiovascular.
En la receta del gazpacho puedes encontrar decenas de variantes que incluyen todo tipo de verduras, hortalizas y frutas como sandía, melocotón, mango, remolacha, cerezas, fresones, aguacate, zanahoria…

«Si prefieres tomar el gazpacho sin pepitas tan solo tienes que batir muy bien el tomate por separado, pasar el puré por un colador o un chino de metal y volver a poner el tomate en la batidora. Entonces podrás seguir con la receta añadiendo los demás ingredientes», informa La Vanguardia.

Muy diferente es el gazpacho murciano, ya que no se trituran los ingredientes sino que se pican muy finos, se aliñan, se cubren con agua y se deja macerar unas horas. Además, no lleva pan pero sí orégano.

El gazpacho valenciano se prepara con horchata, pepino, miga de pan y menta fresca. El extremeño es una pequeña variante del andaluz, pero se le añade huevo duro.

Nuestros ancestros preparaban el gazpacho con el dornillo. Se trata de un gran cuenco de madera hecho de una pieza de encina. En ese cuenco los ingredientes se iban triturando en orden (sal, ajo, pimiento, miga de pan, tomate y aceite de oliva).

La ‘Minipimer MR1’ llegó a los hogares en 1959. Hasta entonces, los andaluces utilizaban el dornillo para hacer gazpacho.
Esa masa cremosa emulsionada se desleía en agua fría, pero un dato muy curioso es que había un mayor protagonismo de pan que del tomate.

Una de las formas de elaborarlo quedó recogida en la literatura gastronómica de Ángel Muro, a finales del siglo XIX. El gastrónomo escribió el célebre ‘Practicón’ en 1893 y englobó el gazpacho en la categoría de ‘ sopa fría española ‘.

Muro hablaba de él como un «manjar muy usado en Andalucía, aceptado en toda España y muy discutida su confección» y como «una suerte de refrigerante, tanto en las clases elevadas como en las trabajadoras –solo para aquellas que tenían acceso al hielo que llegaba entonces de las fábricas–».

En aquella época, el gazpacho era frecuente acompañarlo con pan y picadillo de pimiento, tomate, cebolla y pepino. Emilia Pardo Bazán también escribió sobre el gazpacho en su libro ‘La cocina española antigua ‘ (1913).

Una de las «varias recetas que por todas partes se encuentran y riñen unas con las otras». «Hay tantos gazpachos como morteros», decía, al tiempo que destacó que «casi todos son buenos y refrescantes». Un plato «nacional» que en otro tiempo «se consideraba tan popular, que en una mesa algo refinada no cabía presentarlo».

A principios del siglo XIX, Pardo Bazán, dejaba escrito que se había «puesto de moda»: «Helado, se sirve como sopa de verano en la mesa del Rey y en las casas más aristocráticas».

Incluso, el gazpacho aparece en series y películas. En un capítulo de Los Simpson , la hija mediana de la familia, Lisa, ofrece el gazpacho como opción vegetariana en una barbacoa.

En la película Mujeres al borde de un ataque de nervios de Pedro Almodóvar (1988), este plato forma parte de uno de los hilos conductores de la trama.

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