En Ourense es tradicional disfrazarse durante los carnavales

La tradición de disfrazarse en los carnavales de Ourense es una de las manifestaciones culturales más vibrantes y esperadas del calendario festivo gallego, y constituye un reflejo de la creatividad, la irreverencia y el espíritu comunitario de sus habitantes. Cada año, cuando se acerca el mes de febrero, las calles de la ciudad comienzan a llenarse de colores, risas y máscaras, y los ciudadanos, grandes y pequeños, se preparan para sumergirse en una de las fiestas populares más antiguas y emblemáticas de Galicia. El disfraz, en este contexto, no es simplemente un atuendo temporal, sino un vehículo para la expresión personal y colectiva, que permite a cada participante adoptar identidades diferentes, satirizar la realidad o rendir homenaje a personajes y tradiciones locales.

La elección del disfraz en los carnavales de Ourense es un acto cargado de simbolismo. Muchas personas optan por trajes elaborados que requieren semanas de preparación, combinando telas, accesorios y maquillaje de manera meticulosa para lograr un efecto visual impactante. Otros prefieren disfraces más sencillos, hechos en casa, que reflejan ingenio y humor, dos elementos esenciales de la celebración. Esta diversidad de estilos y enfoques convierte al carnaval en un espectáculo único donde la creatividad y la imaginación no conocen límites. Cada disfraz cuenta una historia y aporta al conjunto de la festividad un matiz que puede ser divertido, crítico, irónico o simplemente sorprendente.

El disfraz tiene además un papel social importante. Participar en el carnaval de Ourense significa integrarse en una experiencia colectiva en la que se rompe la rutina diaria y se crea un espacio de convivencia y camaradería. Las calles se transforman en un escenario donde vecinos, visitantes y grupos de amigos se encuentran, interactúan y celebran juntos. El hecho de vestirse con atuendos extravagantes o humorísticos facilita la apertura social, el intercambio de risas y la generación de vínculos, contribuyendo a fortalecer el sentido de comunidad. En este sentido, el disfraz se convierte en un catalizador de emociones compartidas y en un medio para experimentar la libertad y la alegría que caracterizan a la fiesta.

La historia de esta tradición en Ourense remonta siglos atrás, con raíces en celebraciones paganas que precedieron a la influencia cristiana, donde el disfraz y la máscara servían para rendir homenaje a los ciclos de la naturaleza, burlarse de la autoridad o canalizar temores y esperanzas de la comunidad. Con el paso del tiempo, estas prácticas se han transformado en una celebración lúdica, pero conservando ese espíritu de transgresión temporal y de inversión de roles, tal y como nos relatan los vendedores de La casa de los disfraces y es que, según nos cuentan, durante el carnaval, es común que se inviertan jerarquías sociales, se parodien costumbres y se celebren situaciones con un humor irreverente que, fuera de esta época, no tendría cabida. La vestimenta y la máscara permiten asumir identidades distintas, romper tabúes y explorar formas de expresión que reflejan la identidad cultural de la ciudad.

Los desfiles, comparsas y concursos de disfraces son momentos culminantes de la festividad, donde el público aprecia la creatividad y el esfuerzo de los participantes. Estos eventos no solo generan un espectáculo visual impresionante, sino que también refuerzan la conexión con la tradición y fomentan la participación de diferentes generaciones. Los niños aprenden a valorar la historia y la cultura de su ciudad a través de la diversión, mientras que los adultos mantienen viva la herencia festiva y la transmiten a las nuevas generaciones. El disfraz, en este sentido, se convierte en un símbolo de continuidad cultural y de pertenencia.

El ‘Triángulo Máxico’ del Entroido ourensano

El ‘Triángulo Máxico’ del Entroido ourensano es una expresión muy significativa que define el corazón del carnaval tradicional en la provincia de Ourense, y representa más que tres lugares: simboliza una confluencia histórica, festiva y ritual que convierte esa zona en epicentro de una de las celebraciones carnavalescas más importantes de Galicia.

Este triángulo está formado por Xinzo de Limia, Verín y Laza, tres municipios que comparten su pasión por el Entroido y que mantienen tradiciones centenarias con máscaras únicas y personajes muy característicos. En Xinzo son las ‘Pantallas’; en Verín, los ‘Cigarróns’; y en Laza, los ‘Peliqueiros’. Cada figura tiene su propia vestimenta, su propio ritmo, sus sonidos y su modo de reivindicar la herencia carnavalesca, y juntos conforman un universo simbólico verdaderamente profundo.

El Entroido en estas localidades no es solo una fiesta de disfraces, sino un rito cargado de significado antiguo, que mezcla elementos paganos, rituales de renovación y símbolos de comunidad. Las máscaras de madera tallada representan identidades que se transmiten de generación en generación, y la preparación de los trajes es cuidada y meticulosa, lo que refleja un profundo arraigo cultural.

Uno de los rasgos más impresionantes del triángulo es la duración y la intensidad de sus celebraciones. Xinzo de Limia, por ejemplo, celebra su Entroido durante varias semanas, extendiendo la fiesta mucho más allá de los días tradicionales del carnaval. En Verín y Laza, los desfiles, los personajes y los ritos crean una experiencia colectiva intensa que atrae tanto a locales como a visitantes.

La territorialidad del Triángulo Máxico tiene también un peso turístico muy importante. Estos carnavales están reconocidos oficialmente: por ejemplo, el Entroido de Laza es Fiesta de Interés Turístico, al igual que otros en la zona. El turismo se dispara en la provincia de Ourense durante estas celebraciones, lo que demuestra cómo esta tradición sigue viva y es un motor cultural y económico.

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