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Tradición o consumismo: San Valentín

Otra fecha relevante en el calendario: el catorce de febrero. Situado de forma estratégica entre las tradicionales navidades y la tradicional Semana Santa. El consumismo es algo que se da notablemente entre ambas fiestas. La Navidad como festividad, deja un reguero de gastos que luego hay que compensar con la cuesta de enero. La Semana Santa, por su parte, trae consigo escapadas y turismo, incrementando el consumo al que se suma, el buen tiempo que ya asoma, aunque siempre, haya días turbios durante la semana de la religión.

Entre ambas fechas, una que nadie olvida y todos tenemos presente, sin saber muy bien porque: San Valentín. El día de los enamorados, es una fecha tan señalada como el día de la madre o el padre. Desde Serrano Joyeros, ratifican este hecho, pues es un momento clave para el sector de la joyería. Las ventas aumentan con motivo de este tradicionalmente consumista día.

A medida que se acerca el catorce de febrero, las parejas empiezan a jurarse amor, a regalarse joyas, flores o lo que se tercie con motivo de su incipiente o afianzado amor. Este materialismo, sin duda, hace que la fecha, deje de parecer una bonita tradición para convertirse en un momento clave para hacer caja a costa de los enamorados. La tradición de las últimas décadas, es crear campañas de publicidad encaminadas a celebrar esa fecha haciendo alarde de regalos.

Sin embargo, ¿cuál es el origen de esta fecha? ¿Realmente hay algo más que una fecha donde impera el consumo? Algunas mentes inquietas, seguro se han hecho estas y otras preguntas respecto a tan sonada fecha. Vamos a tratar de disipar algunas dudas al respecto, aunque mucho me temo que, al final, el consumismo, vencerá a la tradición.

Encontrar el origen de esta celebración y saber quien fue en realidad San Valentín, no es tarea fácil. Al parecer, la historia se remonta a unos cuantos siglos atrás en el tiempo. Algunos historiadores, sitúan los orígenes de esta fiesta en la antigua Roma. Los romanos de antaño, gustaban de celebrar una fiesta llamada celebración de las lupercales o lupercalia. Estas fiestas se celebraban al parecer el quince de febrero y consistía en una reunión de acólitos en una cueva sagrada, con el consiguiente sacrificio de una cabra y una extraña costumbre que incitaba a los niños, a salir a la calle a azotar a las mujeres con la piel de los animales para incentivar su fertilidad.

Visto así, cuesta encontrar la asociación entre el San Valentín que conocemos y su supuesto origen. Afortunadamente, existe otra teoría que sitúa su origen en una fiesta, también romana, llamada Juno Februata, en la que los jóvenes escogían el nombre de su pareja extrayendo de una caja el nombre de la muchacha. Estas uniones de carácter meramente sexual, a veces terminaba en matrimonio.

Lo más cercano a la tradición

Lo más cercano a la tradición y al origen real de la misma, sitúa a Valentín, antes de ser santo, en la Roma del siglo III, durante el avance del cristianismo. Un tal Claudio II el Gótico, promulgo una ley que prohibía el casamiento entre los jóvenes para que los varones que alistaran en el ejército.

Parece ser que a Valentín, como sacerdote, no le hizo demasiada gracia esta prohibición, por lo que decidió desafiar al emperador celebrando matrimonios a escondidas. De esta manera, casaba en secreto a los jóvenes enamorados y lograba que muchos de ellos, se convirtieran al cristianismo y asistieran a los presos antes de que los torturaran y ejecutaran.

Como no podía ser de otra manera, Valentín, fue descubierto, arrestado y confinado a una mazmorra. El oficial romano, encargado de custodiar al preso, le reto a devolverle la vista a su hija, ciega de nacimiento. Valentín, aceptó el reto y en nombre de Dios, la hija del oficial recuperó la vista, razón por la que este y su familia se volvieron cristianos.

El milagro obrado, no tuvo mucho peso, pues Valentín, siguió preso, siendo lapidado y posteriormente decapitado el catorce de febrero de año doscientos sesenta y nueve.

La leyenda, cuenta que Valentín, se había enamorado de Julia, la hija de oficial romano, enviando a la muchacha, una nota de despedida en la que firmaba: “de tu Valentín”, de donde deriva la expresión anglosajona “From your Valentine”. Agradecida, la joven plantó un almendro que dio hermosas flores junto a la tumba de su amado. Por eso, el simbolismo que posee este árbol para expresar el amor y la amistad duraderos.

Un par de siglos después, allá por el año cuatrocientos noventa y cuatro, el papa Gelasio I, declaro el catorce de febrero, cuando fue martirizado, como el día de San Valentín. Sus restos se enterraron en las afueras de Roma, en la vía Flaminia, conocido posteriormente como Puerta de San Valentín.

Otras historias, dentro de la historia

Siendo esta la historia oficial, existen otras sobre el día de los enamorados. Una de ellas, atribuida al poeta medieval Geoffrey Chaucer, en cuya obra, “El parlamento de las aves” incluye versos que atribuye a Valentín.

Ya en el siglo XX, durante el pontificado de Pablo VI y tras el Concilio Vaticano II, se decide eliminar a San Valentín del calendario católico, debido a las dudas que despertaba su posible origen pagano. Cambiando el santoral y dedicando esa fecha a los santos Cirilo y Metodio. Quedando el catorce de febrero como una fecha con santo, pero sin celebración, hasta la llegada del inexorable consumismo del siglo XX.

Formando parte de la historia reciente, a mediados de siglo XX, un periodista propone en uno de sus artículos, la idea de importar la celebración anglosajona de San Valentín a la madre patria. En esos tiempos, un avispado empresario, dueño de las míticas y desaparecidas Galerías Preciados, promovió la necesidad de hacer regalos a los seres queridos en esa fecha señalada.

En el año mil novecientos cuarenta y ocho, la prensa nacional publicitaba anuncios en los que se alentaba a la gente a celebrar el día de San Valentín. Fue tal el existo de la campaña que ya sabemos todos, a día de hoy, que cada vez fueron más los lugares que se unieron a esta curiosa celebración.

Lo más sorprendente, es que existe una celebración respecto a este santo caído en desgracia merced a la iglesia católica. San Valentín fue convertido en santo por que obró (al parecer) un milagro, convirtió a muchos al cristianismo y finalmente, murió bajo el yugo de roma, martirizado.

La santa sede, dudando se la religiosidad propia del sacerdote y atribuyéndole un carácter pagano a sus orígenes, decidió relegarlo y hacerle el vacío. Que ironía, que el algo tan pagano como el mero consumismo, haya sido quien ponga al santo del amor en la cima.

Tal vez, se trate de una señal divina y lo divino, sea creer que amor devolvió al santo a la escena y al lugar que le corresponde: ser patrón de los enamorados porque el lucho por el amor. O simplemente, se trate de algo más sencillo todavía, el consumismo, es mas fuerte que amor y es capaz de erigir dioses con tal de que haya ventas.

En cualquier caso, la tradición existe. Por partida doble. En este caso, encontramos la tradición que nos habla de un sacerdote que ayudo a muchos a mantener vivo su amor. Un sacerdote que tuvo su día y su fiesta, como tantos otros santos y que, con el paso del tiempo, aun caído en el olvido, cuenta con una extensa y larga tradición en aras del consumismo.

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