Estudiar en el extranjero

16 noviembre, 2016
Estudiar en el extranjero

Hace unos años, y no tengo que remontarme a la época de mis abuelos, lo de que un español se fuera al extranjero a estudiar era más raro que ver a un gato verde. La única salida que se asociaba a un español era para buscar trabajo. O como mucho, de vacaciones porque hacías un exceso o te había tocado la lotería. Sin embargo, con el paso de los años, los jóvenes españoles se quitaron el miedo a salir de su país, se cortaron el cordón umbilical y se lanzaron a la aventura. Es cierto que las famosas Becas Erasmus fueron el gran detonante, pero también el cambio de mentalidad de este país, que salía de unos años de miedo y de expectación.

Pues bien, en mi caso es algo que recomiendo 100%. Sin duda, es la mejor opción que pude tomar cuando allá por el año 2000 tuve que decidir si salir de España para irme un año a estudiar a Londres. La verdad es que me daba miedo, pero sabía que era lo mejor que me podía pasar. Y eso que al principio dudé porque no tuve suerte con la selectividad. Así que tuve que apuntarme a la academia Pupilos. Allí, contaban con profesores cualificados y con experiencia en cada asignatura, impartiendo clases en grupos de no más de 8 alumnos. Algo que me sirvió para poder aprobar la selectividad sin problemas en septiembre. Por cierto, yo no maldigo la selectividad, por eso me gustaría que pese a la Ley LOMCE, que es tan polémica y ya crea problemas en el Congreso, siguiera.

De esta manera logré puesto en una universidad. Mis padres, afortunadamente, tenían dinero enviarme a Londres y allí es donde hice mi primer año de Periodismo. Al principio me costó porque no les entendía nada, pero con el paso del tiempo lo fui pillando todo. Bien es cierto que los profesores me echaron una mano con los exámenes, pero era comprensible. Después de casi 10 meses allí me daba cuenta que hablaba el inglés a la perfección. 10 años después, cuando estaba buscando trabajo, encontré el curro de mi vida gracias al idioma.

Idiomas, el mejor CV

Buscaban una persona que fuera bilingüe para llevar la comunicación de una bodega muy importante. Aunque mi currículum no era excelso en cuanto a gabinetes de comunicación, ya que solo me había dedicado a trabajar en un periódico, cuando me hicieron las pruebas de inglés y vieron que lo entendía todo no dudaron en cogerme. En ese momento es cuando comprobé que mi año en Londres me había sido muy útil. Un sueldo de casi 2.500 euros al mes mereció la pena.

Por eso, cuando mi sobrino, que comienza ahora la universidad, me pide consejos sobre qué carrera estudiar, yo soy franco y le digo “Me da igual la carrera que hagas, mi única recomendación es que salgas de España, que aprendas otros idiomas, que te empapes de otras culturas, porque ese va a ser tu mejor CV cuando vayas a buscar trabajo”. Él, que tiene aquí a la novia, no está muy por la labor, pero viendo que la tasa de paro entre los jóvenes es cada vez mayor, yo le diría que si realmente es amor, piensen que se trata de algo eventual para mejorar su futuro.