Los oculistas alertan: crecen los problemas en las vías lagrimales

20 Julio, 2017
Los oculistas alertan: crecen los problemas en las vías lagrimales

Por suerte, la medicina en España está muy avanzada y tenemos grandes profesionales. Uno de los campos en el que somos líderes es el de la oculoplastia (cirugía oculoplástica o cirugía plástica ocular), que se trata de la parte de la oftalmología que se ocupa de los problemas de las estructuras faciales perioculares: párpados, órbita y vías lagrimales. Este incluye una gran variedad de procedimientos quirúrgicos que tratan las afecciones de estas estructuras, como malposiciones de los párpados (entropion/ectropion), blefaritis (inflamación del párpado), pérdida de elasticidad de la piel que rodea los ojos o tumores palpebrales. Hoy, en concreto, vamos a hablar de los problemas de las vías lagrimales, algo que cada día afecta a más españoles.

Lo primero que hay que saber es que las lágrimas se producen, principalmente, en la glándula lagrimal, que se encuentra situada en la zona superior externa de la órbita. Su función prioritaria es mantener húmeda la superficie ocular, protegiéndola de la desecación mientras los párpados están abiertos. Pero también tiene otras funciones como nutrir a la córnea, proteger de infecciones, atrapar y enjuagar cuerpos extraños con el parpadeo e intervenir en la visión. Cualquier anomalía en la lágrima provoca un empeoramiento visual, por lo que debemos estar muy atentos a cualquier cosa extraña que notemos para acudir a que nos vea un especialista.

Según nos explica la doctora de Artestetica, una de las clínicas más reconocidas a nivel nacional, las lágrimas se eliminan hacia la fosa nasal a través de las llamadas vías lagrimales. Estas empiezan en el punto lagrimal. Existe uno inferior y otro superior en el ángulo interno de cada párpado y continúa con los canalículos superior e inferior, que son una especie de pequeñas tuberías que canalizan la lágrima hacia el saco lagrimal. En muchas ocasiones, estos dos canalículos confluyen en otro común antes de desembocar en el saco lagrimal, estructura que desempeña un papel muy importante en el correcto funcionamiento de la eliminación de la lágrima. Durante el parpadeo, el tendón del músculo orbicular exprime el saco lagrimal, ya que su inserción en la pared ósea de la órbita es mediante un doble tendón que rodea por delante y por detrás el saco y, al exprimirlo, actúa como una bomba de succión que aspira la lágrima que se va acumulando en la superficie ocular y la lleva hacia la fosa nasal a través del conducto lacrimonasal, que desemboca en la nariz. Cualquier alteración en una de las partes de esta vía se traduce en una mala eliminación de la lágrima y, consecuentemente, en un lagrimeo que puede ser constante o intermitente.

Este lagrimeo, que se da tanto en niños como en adultos, es el principal problema que se puede encontrar en esta parte de la anatomía tan delicada, de ahí la importancia de acudir a un especialista de referencia en este campo como es la doctora Cecilia Rodríguez. Ponerse en manos de alguien que no domina bien esta parte de la medicina sería un verdadero suicidio, ya que estamos hablando de la vista, uno de los cinco sentidos.

En los adultos, este lagrimeo del que hablamos puede ser producido por un aumento de la producción de lágrima o por una obstrucción en el drenaje. En el primer caso, esto es porque las lágrimas son producidas la glándula lagrimal principal y por unas glándulas más pequeñas y múltiples que se encuentran localizadas en la conjuntiva (glándulas lagrimales accesorias), y estas glándulas se encargan de mantener el nivel basal de lágrima que lubrica constantemente la superficie ocular. Algunas enfermedades inflamatorias como la enfermedad de Sjöggren y artritis reumatoide, producen inflamación conjuntival y disminución en la producción lagrimal. También determinadas situaciones como menopausia y la edad avanzada también disminuye la secreción de estas glándulas por lo tanto se produce sequedad ocular. La sensación de sequedad hace que la glándula lagrimal principal aumente su producción para humedecer al ojo, por lo tanto y paradójicamente se produce lagrimeo.

Pero también es posible que el sistema de drenaje de la lágrima, que tiene su inicio en los puntos lagrimales, los cuales continúan con una serie de conductos (canalículos, saco lagrimal y conducto lacrimonasal) que desembocan en la nariz, sufra una obstrucción por traumatismos, inflamaciones, tumores, farmacológicas, edad… Y esto puede provocar que las lágrimas se acumulen en la superficie del ojo y se desborden, cayendo hacia la mejilla.

Para los niños, tanto las causas como el tratamiento son diferentes, pero eso lo trataremos en otra ocasión para centrarnos ahora únicamente en lo que ocurre en los adultos.

Cuál es el tratamiento del lagrimeo

Según la Sociedad Española de Cirugía  Plástica Ocular y Orbitaria, en el primero de los casos, el tratamiento del ojo seco consiste en reemplazar las lágrimas con lubricantes artificiales por un lado, tratar la inflamación conjuntival en caso de estar presente, y en ocluir los puntos lagrimales para que la poca lágrima que se produce no sea evacuada por el sistema de drenaje natural: la vía lagrimal. Por su parte, el segundo tiene algo más de enjundia y según la severidad de los síntomas se escogerá una determinada opción de tratamiento.

Si los síntomas son leves se recomienda tratamiento antibiótico y con calor local. Pero en casos severos y en los que la obstrucción se encuentra en el conducto lacrimonasal, se indica una intervención quirúrgica denominada dacriocistorrinostomía (DCR), que consiste en crear un nuevo paso para que la lágrima llegue a la nariz, comunicando el saco lagrimal con esta. Se suele colocar temporalmente un tubo de silicona en el interior de este nuevo canal creado, mientras dura el proceso de cicatrización. En un pequeño número de casos la obstrucción se encuentra en la porción más alta de la vía: entre el punto lagrimal y el saco. En estas ocasiones además de realizar una DCR, se inserta un tubo pequeño (Tubo de Jones) que permitirá el drenaje de la lágrima directamente desde el ojo a la nariz.

Estos procedimientos en general se llevan a cabo de forma ambulatoria y se consigue la resolución del síntoma de lagrimeo en el 90 por ciento de los casos.